A través del juego ella forma a niños para que sean mejores personas. Ella es una pésima empresaria. Cuando un papá no tiene para pagar, ella no permite que el niño deje su taller
Por Antonio OrjedaEn Argentina, pioneros de la educación alternativa, se quedaron fríos con la metodología que Lilia Romero había desarrollado. En Alemania están alucinados con los instrumentos que ha creado con material reciclado, con los que --como jugando-- enseña música a chicos desde los 3 años. En México le han pirateado el nombre a su institución. Aquí, tías pitucas le han propuesto llevar Arte para Crecer a La Molina. "¡Nos llenamos de plata!", le han dicho. "En ese momento yo corto", asegura Lilia y le creemos.
Ella no tiene un cartón que la acredite, pero es más maestra que muchos.
¿Se puede decir que uno es lo que jugaba de niño?
En mi caso, sí. Yo siempre he tomado la música como un juego.
Entonces, ¿a qué cree que jugaba Alan García? ¿Al yoyó?
(Ríe) A lanzar discursos, imagino.
En el 90 fundó Arte para Crecer, un taller para estimular a los niños a aprender a través del juego.
Sí. Salvo el taller de música del Cocolido, entonces no existía una posibilidad para que los niños aprendieran música de un modo que integrara diferentes aspectos musicales. Es decir, tú aprendías piano o violín o flauta o...
Usted no era --no es-- una profesora convencional de música. ¿Por qué los papás le confiaron a sus hijos desde un principio?
Porque yo tengo pasión por lo que hacía. De lo contrario, no seguiría aquí. Además, yo ya tenía experiencias educativas: en Los Reyes Rojos, en el Cocolido, en el extranjero. Cuando fui a Argentina, las cosas que yo estaba haciendo aquí --enseñar música con botellitas, con latitas-- no eran bien vistas por los maestros. Allá, Violeta Hemsy de Gainza, que es una pionera en educación musical en América Latina, lo primero que hizo fue sacar su grabadora y grabar mis instrumentos musicales. Me entrevistó e incluso me pidió mi autorización para usar los arreglos (musicales) que yo hacía para cada clase. Así, de pronto, me vi valorada. En Argentina.
Sorprendió a una especialista ¡y en el extranjero! Acá más bien solemos destacar y copiar lo foráneo.
Y ahora lo mismo me está pasando en Alemania. He hecho una exposición de instrumentos, ¡tengo un libro editado en alemán! Para niños, sobre música peruana, juegos, cultura. "Aquí no existen experiencias como las de ustedes", me dicen. Que un chico entre a los 3 años y termine a los 12 con conocimientos de percusión, flauta, guitarra; de armonía, construcción de instrumentos, música de su país.
Cómo entiende el que sea valorada en el extranjero si usted no ha acabado su carrera. Se lo digo porque hoy hay una obsesión por acumular cartones, títulos...
Cuando eres joven, esas cosas no te importan. Ya mayor, lo empiezas a pensar... A mí me ha llamado el Ministerio de Educación, he hecho materiales que han sido distribuidos en todo el país... Debe ser por eso que Lucy Astudillo (su socia, quien falleció en el 2005) me decía: "Lo que importa es el valor de tu trabajo". Ella hizo un doctorado, pero no se doctoró porque no quiso recibir su cartón de manos del político de turno.
Por principios.
Lucy decía: "Ese hombre a mí no me va a dar nada".
Tremenda lección.
Es como cuando nos dijeron para actuar en un evento de Alberto Fujimori. Lucy, les dijo: "De ningún modo nos vamos a parar en el mismo escenario que él". "Les ponemos un escenario al costado", le dijeron. "¡Tampoco!". Nosotros tenemos principios. Los Crousillat (cuando manejaban América TV) también nos quisieron comprar. O sea, si fuera por plata, nosotros hemos tenido un montón de opciones para vendernos.
No entendían que su objetivo es hacer, más que músicos, mejores personas.
El objetivo es tener una pequeña sociedad --aquí, en Arte para Crecer-- que le ofrezca a los chicos la esperanza de que sí es posible que este mundo sea mejor.
¿Cómo se logra eso?
Respetando a los demás, teniendo intereses en común. En el momento que yo veo una actitud discriminatoria, por más que esté haciendo mi clase paro y me puedo pasar 40 minutos hablando sobre problemas de discriminación; y los chicos van a hablar sobre lo que pasa en sus colegios.
Pregunta tonta: ¿Y eso qué tiene que ver con la música?
¡Es que la música es un quehacer en común! Nosotros no vemos la música desde un punto de vista vertical. Son loables los proyectos de orquestas infantiles, pero una orquesta tiene una formación vertical, igual que las bandas militares. Es decir, el director manda, y todos tienen que obedecer. Aquí no. Aquí tratamos de ser una democracia.
Trabaja en esta casa que es de su madre. Su apoyo tiene que haber sido clave en su carrera.
Lo es, porque nosotros pagamos un alquiler que equivale al de una casa de un tamaño regular en cualquier lugar de esta zona, pero, siendo mi madre, ella me ha permitido tener deudas cuando no he llegado al fin de mes.
¿Nunca le exigió ser --entre comillas-- una persona normal?
Es que tú no conoces a mi mamá (ríe)... Ella tampoco es una persona normal: ella es la propietaria de una casa a la que todos los días llegan constructores para ofrecerle miles de dólares para que la venda, pero ella ha decidido permanecer aquí porque hay un objetivo mayor: tener esta asociación cultural donde los chicos tienen otro contacto, otro aprendizaje.
En el 2003, la Fundación Inca Kola y el Ministerio de Educación la convocaron para llevar su metodología de aprendizaje a profesores de todo el país.
El primer taller que dimos en todo el país fue en el 2000. El Ministerio de Educación nos convocó para hacer dos discos y dos libros para las maestras de inicial. Se hizo una licitación y, como nadie cumplió el perfil, nos llamaron. Las maestras --de la selva, de la costa norte, de la puna, de los centros urbano-marginales-- quedaron muy contentas.
Les enseñaron a jugar.
Sí. Sobre todo a raíz del segundo taller, que empezó en el 2003.
¿Resultados?
Los maestros llegaban como si fuese una capacitación más.
Y les rompieron el cerebro.
¡Es que tenían que jugar! Pero había toda una metodología, no era jugar porque sí. Duró hasta el 2006. Los maestros aprendieron que no debían quejarse por la falta de materiales: que todo puede ser convertido en material de trabajo.
Les presentó la 'latería' (una batería hecha con latas), el 'botellófono' (un xilófono de botellas con agua) y demás instrumentos creados con material reciclado.
Se trataba de que se dieran cuenta de que cualquier cosa --transformándola-- puede ser empleada. ¿Por qué empecé yo usando baldes, latas y cosas? Porque no tenía instrumentos. Cuando los alemanes me dicen: "¿Cómo se te ocurrieron estas ideas?". ¡Porque no tenía otra! Seguramente si hubiese estado en Alemania y tenido todo a mi disposición, jamás hubiera agarrado una lata para hacer música.
El Concierto de Niños para Niños lo ha llevado a provincias. ¿Cómo les fue?
Fue un éxito. Los chicos al toque se involucraron y participaron.
Se lo pregunto porque tenemos una tendencia lamentable: nos encanta burlarnos del otro. Sus músicos no iban con instrumentos convencionales, sino reciclados. ¿Hubo burlas?
Al contrario, decían: "Mira, los que tocan botellas también tocan el bajo". Pero es cierto que algunos chicos, cuando aparecían en la televisión, luego en sus colegios recibían burlas. Por eso venían y me decían: "Yo toco, pero que no me entrevisten porque después me van a fastidiar".
¿Por qué somos tan torpes?
Yo les decía: "Es porque tú estás haciendo cosas que ellos no pueden". Entonces, ante la frustración de no poder hacer, ¿qué te queda? La burla.
Arte para Crecer tiene 18 años. Usted no es buena en el manejo financiero. ¿Cómo subsisten?
Por las pensiones que pagan los padres que pueden pagar.
Cuando un papá no puede pagar, usted no le cobra simplemente porque quiere que su hijo siga aprendiendo.
Nos han tocado papás que se han quedado sin trabajo y nos dicen que van a sacar al chico hasta que puedan volver a pagar. Yo evalúo: si el chico deja de venir, se va a atrasar. Entonces, digo: ¿En qué nos perjudica sacar a ese chico?
Así no piensa un empresario.
Es que a qué tipo de empresa nos referimos. ¿A una que es sinónimo de negocio para hacer plata y enriquecerme? ¿O a una que tiene que ver con difundir una propuesta y en la que los valores son lo más importante? Mi empresa es haber llegado a 4.000 maestros rurales y urbano-marginales. Dime: ¿A cuántos niños pueden ahora esos maestros llegar?
Su empresa entonces es hacer mejores peruanos...
¡Esa es una linda descripción!
LA FICHA
Nombre: Lilia María Romero Soto.
Colegio: Santa Úrsula.
Estudios: Ingresó a la PUCP para estudiar Derecho, lo abandonó tras llevar Introducción al Derecho. Se pasó a Psicología, pero entró a enseñar música al colegio Los Reyes Rojos y descubrió que lo suyo es la educación. Tiene un diplomado en Formación y Gestión Cultural por la PUCP.
Edad: 44 años.
Cargo: Presidenta y fundadora de la Asociación Cultural Arte para Crecer y secretaria regional para el área andina del Foro Latinoamericano de Educación Musical (Fladem).